El lugar que ocupa la infancia para la justicia patriarcal.

Como si fuese una ironía del destino, el 17 de mayo, “Día internacional contra la homofobia”, la noticia que estalla en las redes sociales nos dice que jueces bajan la condena a un violador argumentando que su víctima -un niño de tan sólo 6 años de edad-,  es “gay” y ya estaba acostumbrado a ser ultrajado. La indignación general no se hizo esperar y al día siguiente todos los medios, como en cadena nacional, trataban el tema. Vemos una y otra vez la noticia y, si bien conocemos de sobra cómo funciona la justicia en estos casos, cuesta mucho creerlo. “Niño de 6 años gay”, “el niños se travestía”, “ya lo habían violado antes”. Escuchamos al juez Piombo (uno de los involucrados) diciendo que la familia era un desastre, y que el niño ya tenía orientación “gay” y se vestía de nena. Risueño, insiste el juez Piombo, en que estas circunstancias son un atenuante, que el niño en cuestión ya había sido abusado en su hogar y consecuentemente, al ya haber sido ultrajado, no se podía decir que el actual abusador lo hubiese ultrajado gravemente. Después de todo, “razona” el juez, ya estaba acostumbrado a ser abusado. Desde “Adultxs por los derechos de la infancia” repudiamos profundamente el accionar de estos jueces. Y al mismo tiempo lamentamos que este accionar no nos asombre. Como sobrevivientes adultxs de abuso sexual infantil y adultxs protectoras/es, conocemos infinidad de casos donde el poder judicial, revictimiza, culpa a la víctima, discrimina con sesgo clasista, y produce fallos plagados de prejuicios sexistas, racistas, patriarcales. No nos sorprende, lamentablemente, esta noticia porque al escuchar a estos jueces nos vienen ecos del llamado “caso Veira” cuando,  desde diferentes sectores, banalizaba canallescamente el abuso sexual infantil, argumentando que la víctima del ídolo de San Lorenzo, era “gay”. El niño abusado por el “Bambino” Veira era ridiculizado, cuestionado, culpabilizado, en tanto el abusador Veira era (y es) celebrado. Del mismo modo, el niño que hoy nos ocupa, pobre, abandonado (primero por sus padres y luego por la justicia), discriminado, es tratado por los jueces como si él fuese el violador, en tanto su violador es tratado como víctima. ¿Qué tiene que ver la orientación sexual de una víctima (si a los 6 años se pudiese hablar de tal cosa) con el hecho de que sea abusada sexualmente? ¿Quién podría llegar a poner en cuestión la gravedad del delito diciendo que la víctima estaba “acostumbrada”? Sin embargo, ahí está el fallo de Casación firmado por jueces que luego lo ratifican mediáticamente. Esto constituye un escándalo jurídico. Decir que el niño de 6 años es gay es una aberración desde lo psicológico y también desde lo legal. No hay orientación sexual definida a los seis años, y de ningún modo se puede atribuir responsabilidad alguna a un menor. El fallo viola la Constitución Nacional Argentina, que desde 1994 incorpora la Convención de los derechos del niño; viola el más elemental sentido común, y muestra claramente que la infancia está desprotegida. Como sociedad, tenemos el deber de cuidar a nuestras niñas y niños, respetar y hacer respetar sus derechos, y enfrentar decididamente todo intento de justificar a los abusadores. El abuso sexual infantil existe! Es una expresión brutal del sometimiento que ejercen los adultos sobre niñas y niños. Y es responsabilidad de todos y todas las personas  adultas evitar que esto suceda. Una de cada cuatro niñas y uno de cada seis niños son abusadxs antes de llegar a la mayoría de edad. No te calles! Este sábado 24 de mayo a las 15 hs. en Plaza de Mayo, visibilicemos juntos este delito, y repudiemos la culpabilización de las víctimas.

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