Silvia

Mi nombre es Silvia Piceda, fui abusada sexualmente entre los 9 y los 11 años aproximadamente, por personas cercanas a mi hogar. Cuando se lo conté a mis padres, no hicieron nada. Nunca más se hablo del tema en mi casa, nunca se consultó a nadie para saber si podía traerme consecuencias.

El impacto del abuso fue muy importante, y a medida que más me comprometo con el tema y escucho a más compañeros y compañeras, más me doy cuenta de la dimensión enorme e intangible de dicho daño.

Pero eso lo digo hoy en el 2014, con 46 años,  y después de haber andado algunos caminos de búsqueda, pero durante muchos, muchos años, el tema abuso sexual, para mí era solo parte de mi infancia. Nunca negué que me había pasado, ni lo olvidé, pero si le resté importancia, pensé que podía seguir adelante y que simplemente era algo que permanecía en mi pasado y de lo que ya estaba a salvo. De hecho, soy profesional, independiente económicamente, no soy sumisa ante ninguna persona de poder, etc. Todas estas características, me hacían pensar que el “tema “ abuso sexual infantil ya había quedado atrás.

Pero en el 2009, la hija mayor del padre de mi hija, me busca y me cuenta que había sido abusada por él cuando tenía la misma edad que mi hija en ese momento.

Esto me trajo de repente, al presente, mi peor pesadilla : el abuso sexual infantil no estaba en mi pasado, no formaba solo parte de mi vida, sino que la persona a la que más amo en el mundo, mi hija de 11 años,  estaba en medio del problema, y que yo me había casado con un abusador. ( estaba separada de él desde el 2004 )

Ahí empieza la otra pesadilla, el recorrido que como madre, intentando proteger a su hija,  inicio en los juzgados de familia…

Durante este andar de dolor en dolor y de angustia en angustia, se me ocurrió que era interesante y necesario encontrarme con otras mamas que hubieran pasado por lo mismo, que estuvieran atravesando el mismo horror: saber que sus hijxs habían sido abusadxs por el hombre que ellas habían elegido como pareja. Para mí la sensación corporal, el espanto inscripto en el cuerpo, a partir de la noticia ( a pesar de haber estado separada del delincuente desde varios años antes) , es una sensación dolorosa e indescriptible. Quería compartir con otras, además, nuestros hallazgos y esperanzas con respecto a la relación con nuestrxs hijxs, nuestras causas legales, etc.  Y así nace, un grupo de ayuda de pares con madres, que se fue desarrollando en bares y con bastante timidez…las madres aceptaban juntarse conmigo pero era muy difícil armar grupos más numerosos.

Así llego a octubre de 2012, en el que una mama me comenta que conoció a un sobreviviente adulto que hacía poco había podido hacer justicia y lograr que condenaran a su abusador a 12 años de cárcel después de un largo juicio, y que estaba intentando formar grupos para abordar el tema desde una perspectiva colectiva.

Nace de esta manera, el grupo tal cual es hoy, desde sus dos vertientes: una de ayuda de pares ( en donde ahora nos convocamos todxs lxs adultxs a los que nos preocupa la problemática) y la otra, la tarea militante, de visibilización. La tarea de hacer como adultxs lo que nos hubiera gustado que hagan por nosotrxs cuando éramos niñxs.

Resumiendo: mi nombre es Silvia Piceda, soy sobreviviente de abuso sexual infantil y madre protectora. Creo que es fundamental, el unirse con otros y otras, para compartir experiencias, fortalezas y esperanzas, y también creo que tengo la obligación como adulta, de que mi testimonio sirva, para proteger a lxs niñxs que hoy se encuentran padeciendo este delito y para apoyar a lxs adultxs que intentan protegerlxs.

Mi vida es más feliz y más plena, desde que me miro con amor y ternura y me acepto como la niña asustada, violentada y sola que fui.  Y cuando trabajo y comparto con otrxs, el profundo deseo, de que esta injusticia no suceda más, con ningún niño, niña o adolescente de nuestro planeta, hay algo en mí que también sana, hay algo en mí que se parece mucho a la paz.

Conocé el testimonio de Sebastián