Sebastián

 

Soy Sebastián Cuattromo, tengo 37 años, vivo en la ciudad de Buenos Aires, y sufrí abuso sexual a los 13 años de edad.

Los abusos que padecí ocurrieron en la escuela a la que asistía como alumno de fines de estudios primarios, siendo mi agresor un docente y religioso católico de esa institución educativa, en los años 1989 y 1990.

Otros niños de esa escuela, el Colegio Marianista de la ciudad de Buenos Aires, también fueron víctimas de abusos sexuales por parte del entonces docente y hermano marianista Fernando Picciochi.

Durante 10 años, entre 1990 y 2000, no pude poner en palabras lo sucedido con nadie.

Esa década de mi adolescencia y primera juventud, estuvo marcada por una dura sobrevivencia, silenciosa y autorecriminatoria, de esta injusticia.

Y, al evocar los múltiples padecimientos de esa etapa de mi vida, siento que lo que sobresale es el recuerdo de una dolorosa actitud de retraimiento, de una fuerte inhibición a la hora de desarrollar relaciones afectivas.

Finalmente, en el año 2000, tuve la suerte de poder comenzar a hablar acerca de los abusos; y junto con esta actitud, nació en mi una firme convicción de tratar de buscar Justicia por lo sucedido.

Para ello,  casi inmediatamente después de compartir por primera vez con un amigo los abusos que había sufrido, presenté, en Junio de 2000, una denuncia penal contra mi agresor; en compañía de otra de sus víctimas de aquel Colegio Marianista.

Para mi sorpresa, tuve la suerte que a pesar de presentar la denuncia 10 años después del evento, el hecho, legalmente, no había prescrito; lo que posibilitó que, 12 años después de iniciada esta causa, y luego de una ardua y compleja lucha judicial, finalmente, el 25 de septiembre de 2012 mi agresor fuera condenado por la Justicia argentina a 12 años de cárcel,  por el delito de  “ corrupción de menores calificada, reiterada”, tras la realización de un ejemplar, y emotivo, juicio oral y público, en la ciudad de Buenos Aires.

A lo largo de esta búsqueda de justicia, también pude lograr que el Colegio Marianista tuviera que asumir su responsabilidad civil por este delito; conquista por la que tuve que luchar, duramente, contra una inaceptable pretensión de silenciamiento de lo sucedido que quería imponerme la Congregación de los Hermanos Marianistas, y que también incluyó a la jerarquía católica de la Ciudad de Buenos Aires en el año 2002.

A su vez, siempre sentí y soñé que esta larga búsqueda de Justicia tuviera un sentido de aporte colectivo; y, por eso, en el 2012, y en ocasión del juicio oral y público contra mi abusador, pude hacer pública mi historia de lucha, a través de diversos medios periodísticos, para tratar de llegar a lxs demás, y para intentar transmitir un fuerte testimonio en defensa de lxs niñxs ante esta injusticia.

Y así fue como muchas víctimas adultas de este delito comenzaron a contactarse conmigo, para compartir sus historias y sus ganas de hacer algo en defensa de lxs chicxs; y, entonces, con un grupo de ellas, decidimos conformar el colectivo de “Adultxs por los derechos de la infancia”, en la ciudad de Buenos Aires.

A su vez, y por si fuera poco, en este derrotero colectivo que inicie al hacer pública mi historia de lucha, tuve la enorme fortuna de poder conocer al amor de mi vida; quien, además, es una formidable luchadora y compañera del grupo de “Adultxs…”!!.

Por eso, en este presente del 2014, es una gran alegría poder compartir esta injusticia de mi infancia desde una realidad adulta donde no estoy solo, y en la que, junto con mis compañerxs de “Adultxs…”, puedo sentir que estoy tratando de cumplir con la ineludible obligación adulta de ayudar a defender a lxs chicxs de este delito.

Participando, para ello, con amor y entusiasmo militante, de diversas acciones de visualización pública del abuso sexual infantil; y colaborando, activamente, en la construcción de una red colectiva y solidaria de grupos dedicados a enfrentar esta canallada, en distintos lugares de la Argentina.

Conocé el testimonio de Silvia